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    <journal-meta />
    <article-meta>
      <title-group>
        <article-title>Construction of “learning objects”: seeking a frame of reference derived from an educational perspective</article-title>
      </title-group>
      <abstract>
        <p>Learning objects, understood as minimum units, can be useful from a technical point of view. On the other hand, from an educational perspective, they can turn out to be risky if we are not capable of providing fragmentation, juxtaposition and interrelation of their various parts. We need a complex and rich context that can support learning with reutilised resources. One proposal is for virtual learning requests and demands to overcome the technological component. This paper therefore focuses on the importance of beginning from a reference frame that gives sense, meaning and coherence to these learning units from the teacher's point of view as the basis of didactic decision-making.</p>
      </abstract>
    </article-meta>
  </front>
  <body>
    <sec id="sec-1">
      <title>-</title>
      <p>Universidad de Alcalá, Spain</p>
    </sec>
    <sec id="sec-2">
      <title>Leonor Margalef García</title>
      <p>Universidad de Alcalá, Spain</p>
      <sec id="sec-2-1">
        <title>Introducción</title>
        <p>T.S. Eliot se preguntaba ¿Dónde está el conocimiento que perdemos con la
información? ¿Dónde está la sabiduría que perdemos con el conocimiento? . Creo que son
preguntas muy sugerentes para el objetivo de nuestra reflexión, las que a su vez me
llevaron a sumar otras: ¿Dónde está el significado que perdemos con los objetos de
aprendizaje? ¿Dónde está el aprendizaje en la enseñanza virtual ?. Espero que al
lector u oyente también le sugieran otras cuestiones para añadir a esta búsqueda de
significados compartidos a nuestro quehacer educativo.</p>
        <p>Como punto de partida para contextualizar estas reflexiones podemos pensar en las
sugerentes ideas de Morin (2000:18) cuando nos indica que el conocimiento no es
conocimiento si no es organización, puesta en relación y en contexto con las
informaciones. Las informaciones constituyen parcelas dispersas y fragmentadas, el
conocimiento aislado y dividido no sirve más que para utilizaciones técnicas, no ayuda a
enfrentar los grandes desafíos de nuestro tiempo. Estas ideas, nos ayudarán a pensar
que los objetos de aprendizajes, entendidos como unidades mínimas, pueden sernos
útil desde un punto de vista técnico mientras que desde un punto de vista educativo
pueden convertirse en un riesgo sino somos capaces de traspasar la fragmentación, la
yuxtaposición o la interrelación de partes. Necesitamos un contexto complejo, rico,
diverso que nos ayude a favorecer un aprendizaje con el apoyo de los recursos
reutilizables.</p>
        <p>El fondo de la cuestión está en la propuesta de planificación y organización en un
entorno educativo que favorezca al máximo el aprendizaje comprensivo de los
estudiantes.</p>
        <p>
          El tema central que nos propone este Congreso y las líneas de reflexión que
pretendemos abrir en este simposio en particular, giran en torno a los objetos de
aprendizaje u objetos didácticos. Sin duda, como se planteaba en la introducción, los objetos
de aprendizaje pueden entenderse en el sentido más amplio señalado por The
Learning Technology Standards Committee Learning Objects (2000) que los define como
cualquier entidad, digital o no digital, que puede ser usada y reutilizada durante el
aprendizaje tecnológico: aprendizaje a través de ordenador, a distancia, aprendizaje
interactivo. O en el sentido más restringido adoptado por
          <xref ref-type="bibr" rid="ref11">Wiley (2000</xref>
          :7) como
cualquier recurso digital que puede ser usado y reutilizado para apoyar el aprendizaje:
fotos, animaciones, video, parte de textos.
        </p>
        <p>Lo cierto es que dentro de una concepción de diseño instruccional, los objetos de
aprendizaje designan una unidad mínima de contenido que pueden ser reutilizados
diferentes veces en distintos contextos de aprendizaje y que pueden ser
personalizados según las necesidades instructivas.</p>
        <p>En este sentido, si bien se recogerán diferentes perspectivas sobre el tema, la
preocupación que señalábamos en nuestra introducción y que la Profesora Pilar Lacasa
ha abordado más en concreto, gira en torno a la construcción de significados y a la
contextualización educativa desde la que abordar los objetos de aprendizaje.</p>
        <p>
          No cabe duda que es interesante contar con la posibilidad de utilizar recursos
digitales reutilizables, pero la discusión como señalan diversos autores
          <xref ref-type="bibr" rid="ref7 ref9">(Koper, 2001;
Wiley, 2002; Littlejohn, 2003)</xref>
          debe sobrepasar el tamaño, la secuencia, los
estándares técnicos de objetos de aprendizaje para centrarse en la creación de entornos de
aprendizaje con significados. Es decir, no se trata de entrelazar textos, imágenes,
gráficos, textos y recursos, unidades de contenidos, o actividades para diseñar una
propuesta de aprendizaje virtual. Un curso, una asignatura virtual o semipresencial, es
mucho más que la combinación de objetos de aprendizaje, por más que cada uno
tenga sentido en sí mismo.
        </p>
        <p>Es decir, la cuestión pasa por interrogarnos ¿cómo favorecer el aprendizaje con la
utilización de esos objetos de aprendizajes? ¿qué principios sustentan su
construcción? ¿desde qué criterios se pueden reutilizar? ¿cuáles son los referentes teóricos en
los que se fundamenta?. En definitiva, ¿cuál es la propuesta educativa que sustenta
nuestra enseñanza?. Y para mayor complejidad: ¿cómo el contexto, en este caso de
enseñanza universitaria, con su cultura propia y las diferentes subculturas
disciplinares condicionan ese modo de entender la educación?</p>
        <p>Interrogantes necesarios, que necesitamos debatir, porque en definitiva una
propuesta de aprendizaje virtual requiere y exige trascender el componente tecnológico.
Por ello, me centraré en la importancia de partir de un marco de referencia que de
sentido, significado y, especialmente, coherencia a estas unidades de aprendizaje
desde el punto de vista del profesor como eje de la toma de decisiones didácticas.</p>
      </sec>
      <sec id="sec-2-2">
        <title>Construcción de un significado educativo marco de referencia como búsqueda de</title>
        <p>Toda propuesta educativa o planificación didáctica (diseño instruccional) debe partir
primeramente de explicitar la concepción de enseñanza-aprendizaje que sustentará
dicha propuesta. Más concretamente, se trata de tener claras las respuestas a las
preguntas por qué y para qué enseñar. Cómo docentes nos facilitará una toma de
decisiones coherentes en cuanto a la selección y organización de los contenidos; al tipo de
actividades y tareas que permitan una construcción y reconstrucción del
conocimiento mediante una acción comprensiva y activa de los estudiantes encaminadas a
favorecer su aprendizaje; a los recursos y materiales didácticos que permitan una
mediación significativa; a los criterios y procedimientos de evaluación y,
fundamentalmente, a la estructura de participación y comunicación que establezcamos entre
profesores, alumnos y éstos entre sí.</p>
        <p>Lo cierto es que las opciones didácticas representan el pensamiento del profesor
sobre lo que es enseñar y aprender, sobre sí mismos, las finalidades y funciones de
los alumnos, los profesores, la profesión y la institución universitaria; aunque no
siempre las explicite o no se detenga a reflexionar sobre su práctica educativa y las
teorías en las que se sustenta. Las ideas, creencias, experiencias previas, su propio
proceso de formación, su práctica, sus condiciones de trabajo y la comunidad
profesional a la que pertenece van configurando su pensamiento pedagógico.</p>
        <p>Cuando el profesor toma decisiones a cerca de lo que va a enseñar, sabe que
tiene que enseñar algo a alguien. Enseña porque hay alguien que aprende, el
propósito de su enseñanza es permitir que los alumnos realicen tareas de aprendizaje y
facilitar todas las oportunidades para que los alumnos aprendan. Ahora bien, ese alguien,
los estudiantes, en este caso, tienen que involucrarse en el aprendizaje, ya que la
enseñanza de por sí no provoca el aprendizaje, no se da una relación de causalidad
directa, se puede enseñar sin que se produzca el aprendizaje. Necesitamos de la
participación activa y voluntario de quién aprende. Esto nos muestra que en la situación de
enseñanza, presencial o virtual, se produce una interacción entre el contenido, los
alumnos y el profesor.</p>
        <p>Podemos expresarlo en otros términos; como profesores tenemos que tener en
cuenta qué enseñamos, cómo enseñamos y a quién enseñamos. Estas dimensiones no
son componentes aislados sino que interactúan entre sí de diferentes modos creando
complejos entornos de aprendizaje. No olvidemos que se trata de personas, con
nuestras particulares y concretas identidades, y enseñamos a personas, poseemos
intencionalidad, sentimientos y emociones. No somos categorías abstractas “profesores”
“alumnos”. Por ello, no podemos pensar en una situación de enseñanza-aprendizaje
como si fuera una combinación de objetos, moléculas u átomos.</p>
      </sec>
      <sec id="sec-2-3">
        <title>La complejidad y contextualización</title>
        <p>Una de las características fundamentales de la enseñanza es que se trata de una
actividad compleja, en la que intervienen diversos factores y dimensiones, que interactúan
entre sí. No se trata de transmitir conocimientos para que los alumnos lo asimilen,
ésta sería una visión muy restrictiva de la enseñanza, y aún más de la enseñanza
universitaria. En ella intervienen muchas otras cuestiones que configuran esa especial
situación de complejidad, que coincide, también, con la creciente complejidad de la
sociedad del conocimiento. Esta condición no sólo es inherente a la sociedad actual
sino que a su vez plantea un gran desafío a la educación universitaria. ¿Cómo
podemos ayudar a nuestros estudiantes a hacer frente a esa complejidad?.</p>
        <p>
          Algunos autores como
          <xref ref-type="bibr" rid="ref2">Barnett (2002</xref>
          :108) consideran que la universidad se
encuentra implicada en un mundo de supercomplejidad, no se trata de “una forma
ampliada o extendida de complejidad, sino de una forma de complejidad de un orden
superior. Es esa forma de complejidad en que nuestras estructuras para comprender el
mundo son, ellas mismas, problemáticas”.
        </p>
        <p>
          Entonces, resulta necesario ir más allá de las unidades mínimas para partir de un
planteamiento global. ¿Hasta qué punto favorecemos desde nuestros entornos de
aprendizaje esa forma de complejidad de orden superior?. De momento, podemos
observar que muchas veces respondemos con la simplificación, la reducción, la
fragmentación. Favorecemos un pensamiento que aísla, separa, cuantifica y reproduce.
Un ejemplo de ello es la hiperespecialización del conocimiento que nos aleja de
propuestas más globales e interdisciplinarias que faciliten la comprensión de ese mundo
complejo. Otro ejemplo, es la concepción del conocimiento como objetivo, neutral,
aséptico, incuestionado y ausente de conflictos que se traduce en propuestas de
contenidos, actividades y evaluaciones reproductivas, controlables, homogéneas o
uniformes, a veces tan común en los diseños educativos de teleformación. Esta visión no
facilita la comprensión del conocimiento como construcción social y cultural, con el
reconocimiento de que es problemático, conflictivo e inacabado, y por tanto, exige
otro tipo de respuestas educativas alejadas de mecanismos de reducción y
simplificación que contribuyan a desarrollar aptitudes de contextualización y globalización de
saberes.
          <xref ref-type="bibr" rid="ref10">(Morin, 2000)</xref>
          .
        </p>
        <p>Responder a la complejidad con estas estrategias reduccionistas encierra un gran
peligro cuando planificamos propuestas de teleformación o de aprendizaje
electrónico. Pensar en unidades mínimas que constituyan, por ejemplo, unidades didácticas
compuestas por teoría (contenidos en diversos soportes) y ejercicios de test como
autocorrección (el concepto de autoevaluación es más rico y más amplio) puede llevar
a una suma de partes que no siempre adquieren sentido en el todo. Una cuestión muy
oportuna para la discusión de los objetos de aprendizajes es tener en cuenta que el
conocimiento del todo no es el conocimiento aditivo de cada una de las partes. Como
propone Morin (2000:117) es el principio de la complejidad y la incertidumbre el
que configura un pensamiento que:
•
•
•</p>
        <p>Capte que el conocimiento de las partes depende del conocimiento del
todo y que el conocimiento del todo depende del conocimiento de las
partes,
Reconozca y trate los fenómenos multidimensionales en vez de aislar de
manera mutiladora cada una de sus dimensiones,</p>
      </sec>
    </sec>
    <sec id="sec-3">
      <title>Respete lo diverso, al mismo tiempo que reconoce lo único.</title>
      <p>Otra cuestión que acentúa la reducción es la omisión de una dimensión didáctica
fundamental: las actividades o tareas de aprendizaje, en este caso de tareas para la
comprensión. Es importante tener en cuenta que para que se produzca el aprendizaje
necesitamos de la acción, de las tareas y actividades que permitan un procesamiento
de la información, una relación de las ideas, una aplicación, un análisis, una síntesis,
un juicio crítico, para mencionar algunas. Es decir, es más que leer un contenido en
sus diversos formatos y reproducir la información. En este sentido, el contenido es
más que información o conceptos, principios y teorías, incluye actitudes, valores,
normas, habilidades y destrezas. Esta ampliación del concepto de contenido permite
una diversidad de actividades de aprendizaje. “La transposición didáctica hace pasar
de un universo del programa, cuya coherencia es de orden lógico y discursivo, a un
conjunto de actividades de aprendizaje” (Perrenoud, 2004:77).</p>
      <p>También debemos ser conscientes que no sólo se trata de la acción por la acción
misma, sino que debemos procurar que esa acción sea realmente educativa, es decir
relevante, que la acción propuesta facilite el aprendizaje y sea coherente con las
intenciones educativas que guían nuestro diseño, que realmente cumplan con las
cualidades intrínsecas que nos hemos propuesto. En una palabra, podemos preguntarnos
¿hasta qué punto estas actividades son valiosas para nuestra finalidad?</p>
      <p>
        Considerar estas características de la enseñanza nos lleva a replantear los roles de
profesor y alumnos, en los que ambos se implican en el proceso de
enseñanzaaprendizaje. Los profesores tienen la responsabilidad sobre la calidad de lo que
ofrecen para el aprendizaje, de establecer determinadas condiciones que faciliten la
comprensión en vez de producirla. Los profesores no pueden imponer la comprensión
pero si son responsables de diseñar entornos de aprendizaje que permitan a los
estudiantes involucrarse en procesos de calidad. Los procesos educativos establecen ante
todo unas condiciones posibilitadoras, por lo que sus resultados son impredecibles.
Las condiciones favorecedoras dan a los alumnos acceso a los recursos que necesitan
para desarrollar sus potencialidades. Les brindan oportunidades y apoyo para su
autodesarrollo
        <xref ref-type="bibr" rid="ref5 ref6">(Elliott, 1993,1996)</xref>
        .
      </p>
      <p>También supone replantear los roles de los alumnos, en muchos casos no les gusta
reflexionar, se sienten más cómodos y seguros con el rol de alumnos que han
aprendido durante un largo proceso de escolarización, incluso reforzado en la universidad,
es decir absorber y reproducir saberes, involucrarse en tareas que nos les lleve a
correr ningún riesgo en el momento de la evaluación, aprender cuanto antes que es “lo
que quiere el profesor”, qué y cómo espera que respondamos. Por eso las tareas de
comprensión (relación, contraste, evaluación, opinión, reflexión) son percibidas como
muy inciertas y ambiguas, con muchas posibilidades y múltiples respuestas, por tanto,
como tareas de riesgo. El reto, entonces, es comenzar a trabajar desde la
incertidumbre.</p>
      <sec id="sec-3-1">
        <title>La incertidumbre y la impredecibilidad</title>
        <p>He señalado anteriormente que los resultados de los procesos educativos complejos y
de los contextos de aprendizaje para la producción y creación de conocimientos son
impredecibles. Esto es así porque otra características de la enseñanza es la
incertidumbre.</p>
        <p>Para responder a la incertidumbre necesitamos desarrollar en nuestros estudiantes
una aptitud interrogativa, problematizadora y abierta. Es importante alentar la
curiosidad y la creatividad.</p>
        <p>Necesitamos desarrollar habilidades intelectuales superiores, que nuestros alumnos
sean capaces de relacionar, argumentar, contrastar y criticar. Tener recursos
cognitivos pero también capacidad de utilización de esos recursos, de esas capacidades y
destrezas. Es un reto al que debemos responder brindando posibilidades para que los
estudiantes sean capaces de movilizar ese saber, de anticipar, de organizar y de
actuar.</p>
        <p>Contribuimos a enfrentarnos a la incertidumbre cuando proponemos actividades
que nos permitan pasar de la teoría a la práctica pero no de modo secuencial y lineal,
o de modo acumulativo, es decir, dejando para el final de un curso o una unidad. Si
aprovechamos la flexibilidad podemos interactuar en ciclos de teoría y práctica, o
viceversa.</p>
        <p>
          Esto es fundamental para los diseños de aprendizaje virtual en los que debemos
fomentar la diversidad de recursos, contenidos, actividades y respetar estilos y ritmos
de aprendizaje. Habría que hacer realidad la tan mentada flexibilidad de la enseñanza
a través de Internet, la posibilidad de utilizar recursos multimedias, la progresiva
autonomía del estudiante y las herramientas de comunicación para favorecer la
interacción entre los participantes que nos permitan responder a la incertidumbre. No se
trata de diseñar un programa cerrado, determinado a priori con secuencias lineales de
acciones, sino de estrategias, de procedimientos que faciliten esa construcción y
reconstrucción del conocimiento. Por procedimiento de aprendizaje, se entiende según
          <xref ref-type="bibr" rid="ref3">Brockbank y McGill (2002</xref>
          :19), el contexto y las condiciones en las que éste tiene
lugar. “El procedimiento se refiere al modo de crearse y ponerse en marcha las
situaciones intencionadas de aprendizaje. Si el aprendizaje recoge e integra el saber, el yo
y la acción, los medios requieren también su inclusión e integración”1
        </p>
        <p>Pero la incertidumbre también se relaciona con la dimensión social y
comunicativa, ya que la enseñanza es una actividad social, no se da en forma aislada sino en
grupos. No se trata de un aprendizaje virtual en solitario, autónomo e independiente,
o de una relación entre tutor y alumno. La riqueza de la enseñanza virtual justamente
es que facilite la comunicación entre diversas personas, en este caso profesores y
alumnos y de éstos entre sí. Esto contribuye a crear comunidades virtuales en las que
el alumno no sólo aprenda por su cuenta sino que reflexione con otros. Es importante
la fase individual, es irremplazable la implicación personal y voluntaria, pero no es
suficiente para lograr un aprendizaje reflexivo y crítico.</p>
        <p>El aprendizaje tiene lugar cuando se conecta la experiencia personal con los
conocimientos previos, se produce a través de la interacción con los contenidos, con los
materiales, con el profesor, con los estudiantes y otras personas. Exige la utilización
de estrategias y metodologías que asignen a los estudiantes un papel de agentes
críticos y con capacidad para abrirse al análisis, la investigación y la colaboración.</p>
      </sec>
      <sec id="sec-3-2">
        <title>La intencionalidad y la ética</title>
        <p>Una última cuestión que quiero resaltar, implícita en las características que vengo
señalando, es que la enseñanza es una actividad intencional, se basa en principios
morales y epistemológicos, aspira y adquiere sentido en la medida en que busca que
los estudiantes realicen aquellas tareas que les permitan aprender. La intervención
intencional es lo que caracteriza esencialmente a la enseñanza. Por ello, actuamos
como profesores responsables, como”didactas” siguiendo a Álvarez Méndez (2001),
cuando intervenimos en los procesos de enseñanza-aprendizaje desde la ética de la
responsabilidad con una intención formativa sobre la base de un juicio críticamente
informado con y sobre aquellos que con nosotros aprenden y a la vez en nuestra
propia formación a través de la práctica de la enseñanza.</p>
      </sec>
    </sec>
    <sec id="sec-4">
      <title>1 El subrayado es mío.</title>
      <p>Cuando el profesor diseña su propuesta educativa virtual o semipresencial, además
de preocuparse por reutilizar objetos de aprendizaje tendrá que responsabilizarse de
seleccionar unidades de contenidos, lecturas, gráficos, imágenes, porque éstas
merezcan la pena ser aprendidas por sus estudiantes. Es decir, el profesor es responsable de
analizar y evaluar el valor educativo/formativo de los contenidos y materiales
didácticos, de que las actividades que proponga sean coherente con su intencionalidad y
finalidad, y contribuyan a que el conocimiento se convierta en acción.</p>
      <p>El siguiente gráfico sintetiza algunos de los principios fundamentales que podría
orientarnos en la planificación de una propuesta educativa coherente con entornos de
aprendizaje virtuales que respeten la enseñanza como una actividad compleja,
incierta, inacabada y diversa:</p>
      <p>Aprendizaje
cooperativo:
interacción,
diálogo y la
colaboración
Valoración de la
diversidad:
pluralidad y
tolerancia</p>
      <p>Aprendizaje
significativo y</p>
      <p>relevante
Principios de
procedimientos
como marco
de referemcia</p>
      <p>Enseñanza y
aprendizaje para la
comprensión:
tareas y recursos</p>
      <p>Comunidad de
aprendizaje
Redefinición</p>
      <p>roles
Conocimiento
contextualizado,
divergente y
complejo</p>
      <p>Evaluación
formativa y
participativa</p>
      <p>Llevar a la práctica estos principios supone un gran desafío para la enseñanza
presencial y virtual. Exige pasar de un conocimiento de hechos a un conocimiento de
procedimientos, de un aprendizaje reproductivo a un aprendizaje productivo, de un
esquema de relación de causalidad en el que la enseñanza produce el aprendizaje
hacia un modelo de aprendizaje autónomo y reflexivo, de una enseñanza y un
aprendizaje individual a un aprendizaje cooperativo, de una propuesta homogénea a una
práctica educativa que favorezca la diversidad. Esto es sin duda, un cambio de cultura
educativa, un cambio en el que necesitamos involucrarnos todos, desde los propios
profesores, que necesitarán formarse ellos mismos en un entorno de aprendizaje de
esta naturaleza, hasta la propia institución universitaria.</p>
      <sec id="sec-4-1">
        <title>Ideas y creencias del profesorado</title>
        <p>En el caso de la enseñanza virtual muchos profesores necesitan reconstruir sus ideas
previas y pensar sus propuestas educativas desde otros marcos de referencia. No se
trata de cambiar de formato, de pasar de un enseñanza presencial a una enseñanza
virtual sin modificar las formas de enseñar y aprender, sin replantearse cómo
aprenden los alumnos a través de la teleformación. Como indica Hanna (2003) no se trata
de que nos dediquemos a “empaquetar”el contenido de las clases y los programas
para lanzarlos por la web. No se trata de que los profesores sean autores de
contenidos y sean los técnicos los que apliquen o diseñen los materiales. Se trata de una tarea
de equipo, una tarea interdisciplinar, donde el profesor tiene una función esencial e
irremplazable. No es la plataforma la que debe dominar el debate y adaptarnos a ella,
sino lo fundamental es el mensaje, la propuesta educativa.</p>
        <p>Por eso el profesorado necesita formarse y vivenciar por si mismo las posibilidades
y dificultades del aprendizaje virtual. Pero a veces, las demandas se centran en un
entrenamiento técnico. En este sentido, algunos profesores quieren recetas o
simplemente dominar la herramienta o plataforma virtual. Desde luego que esto es
importante pero no suficiente. Corremos el riesgo de no producir ningún cambio, de seguir
respondiendo desde la reducción, en este caso con el mismo modelo de transmisión y
reproducción presencial pero con un nuevo formato, tal vez más atractivo y
entretenido. Esto se observa, por ejemplo cuando algunos profesores diseñan su propuesta de
contenido para un curso virtual utilizando el mismo programa, los mismos contenidos
en cuanto a su selección y organización que en sus programas habituales. El cambio
es sólo aparente, en vez de que el profesor lo explique en la clase o en sus apuntes, lo
traslada a un nuevo formato pero sigue centrado en la reproducción.</p>
        <p>Las investigaciones demuestran que en la enseñanza universitaria prevalece una
racionalidad educativa, una forma de actuar, basada en la transmisión de información,
la clase expositiva como metodología de enseñanza, el examen como única fuente de
evaluación. La enseñanza está centrada en el contenido y en el profesor. Es él quien
toma las decisiones y tiene el control de la clase y de las interacciones. Esta
centralidad está fundamentada en la división de roles y en la jerarquización de las relaciones
en la que el profesor enseña y el alumno aprende, los investigadores producen el
conocimiento y los profesores enseñan.</p>
        <p>Esta idea de transmisión y reproducción, como único modo de entender la
enseñanza sigue siendo muy generalizada y se observa claramente en las propuestas de
aprendizaje virtual, porque sigue vigente la metáfora utilizada por Freire cuando
denominaba "educación bancaria" a la enseñanza entendida como el acto de
depositar, transferir, de transmitir conocimientos del educador hacia los educandos. En esta
concepción la educación se convierte en una narración de conocimientos a cargo de
educador. Este aparece como su agente indiscutible cuya tarea es "llenar" a los
educandos con los contenidos de su narración. Pero añade Freire que esos contenidos se
reducen a "retazos de la realidad", están desvinculados del contexto en el que
adquieren sentido. La narración, cuyo sujeto es el educador, conduce a los educandos a la
memorización mecánica del contenido narrado. Ahora el narrador puede ser el
ordenador, Internet, o un video y el alumno está detrás de la pantalla en actitud receptiva.
Por ello, debemos cambiar la metáfora para dar un papel más activo a los estudiantes.</p>
        <p>Esta actitud cambia, por ejemplo, cuando los profesores se involucran en
actividades de formación en la que ellos mismos son aprendices virtuales. A través de la
experiencia de formación sobre la enseñanza a través de Internet realizada en la
Universidad de Alcalá los profesores valoraron positivamente ponerse en el lugar de los
estudiantes como aprendices virtuales, es decir, consideran importante utilizar las
tecnologías. A través de esta experiencia manifestaron que descubrieron muchas
cosas que nuestros estudiantes podrían hacer en su proceso de aprendizaje y de los
roles que profesores y alumnos deben desempeñar. También percibieron que
necesitan vencer resistencias internas e inseguridades, dificultades propias y del contexto
pero sienten que pueden hacerlo a través de estos procesos de formación continua y
desde la reflexión de su propia práctica en cooperación con sus colegas y estudiantes.</p>
        <p>Los profesores son conscientes que necesitan nuevas competencias en cuanto a las
funciones a desempeñar en un entorno de aprendizaje virtual que exige elaborar guías
de aprendizaje, facilitar orientación constante, generar ambiente de confianza y
participación, utilizar diversidad de recursos, realizar seguimientos constantes, actualizar
conocimientos y facilitar la comunicación con y entre los estudiantes. Estas
competencias exigen al profesorado, primeramente, compensar las deficiencias de su
formación pedagógica para superar la preocupación de no poder abordar todo el contenido
y buscar otras modos de selección y una visión más integrada de los saberes; tener
más confianza y seguridad en ellos mismos como profesores, lo que les exige
cuestionarse e indagar sobre la posibilidad de poner en práctica estrategias alternativas.</p>
        <p>Como indica Perrenoud (2004) los profesores necesitan construir una identidad en
la que se ponga en relación la acción, el pensamiento y el saber.</p>
      </sec>
      <sec id="sec-4-2">
        <title>Algunas ideas para continuar reflexionando</title>
        <p>El reto es que avancemos en estudios e investigaciones de experiencias prácticas que
nos permitan indagar y evaluar las posibilidades del aprendizaje virtual para apoyar
el desarrollo de un modelo educativo centrado en el alumno, y analizar hasta qué
punto pueden brindar más oportunidades de un aprendizaje activo, cooperativo y
reflexivo. Esto nos ayudará a construir principios psicopedagógicos que podamos
generalizar y criterios para construir entornos educativos que favorezcan una mayor
interacción entre los estudiantes (no sólo de un mismo grupo, curso o facultad), entre
profesores y estudiantes, entre profesores e investigadores; entornos que conecten la
experiencia de los alumnos y los conocimientos para favorecer una reconstrucción del
mismo y generar todas las oportunidades para aprovechar la información y las
posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
Estas experiencias nos permitirán responde a nuestro interrogante inicial ¿Dónde está
el aprendizaje en el aprendizaje virtual?</p>
        <p>En el caso de la enseñanza universitaria muchas veces los debates se centran en la
disponibilidad técnica y económica de los recursos tecnológicos y de los medios de
comunicación, en la utilización de una determinada plataforma o en la creación de
una propia (aunque en el fondo sean muy similares), pero hay poco debate en torno a
las posibilidades que nos ofrecen para crear estos entornos de aprendizaje que
permitan a los estudiantes con la ayuda de los profesores enfrentarse a la complejidad de
toda situación de enseñanza y construir un conocimiento crítico y reflexivo.</p>
        <p>Es importante no pensar en términos dicotómicos aprendizaje presencial y
aprendizaje virtual sino en términos complementarios. Es decir, tener claro lo que es
enseñar y aprender en la universidad, las finalidades y funciones que tenemos, los
desafíos que en la sociedad actual necesitamos afrontar y cómo crear entornos presenciales
y virtuales coherentes con ellos y contextualizados a las diferentes situaciones. Lo
importante es ser conscientes que estos entornos y cómo los construyamos son los
que median y configuran la enseñanza y el aprendizaje, y en definitiva, los
significados y el pensamiento de profesores y alumnos.</p>
      </sec>
      <sec id="sec-4-3">
        <title>Referencias Bibliográficas</title>
      </sec>
    </sec>
  </body>
  <back>
    <ref-list>
      <ref id="ref1">
        <mixed-citation>
          <string-name>
            <given-names>Álvarez</given-names>
            <surname>Méndez</surname>
          </string-name>
          ,
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